lunes, 8 de febrero de 2021

 

  Restauración del Cristo de Lezo (Guipuzcoa)

Historia.-



Las noticias que hablan del origen del Cristo de Lezo , imberbe y oscuro  están entre la leyenda y la ficción, su origen es totalmente desconocido, aunque según Manuel Lecuona,  la imagen fue traída a Lezo por peregrinos que iban a Santiago . Estos peregrinos eran cuatro europeos y pasaban por Hendaia para cruzar la frontera[1]. También se ha hablado que lo donó el obispo de Bayona, San León, en el siglo X-XI y la otra leyenda nos habla que fue hallado en un arcón en la bahía de Pasajes.

La primera noticia segura que nos habla  del Cristo es la que nos comunica don Miguel de Azpilicueta en un buen trabajo sobre la  “ Basílica del Santo Cristo de Lezo”[2], en la que nos señala que  Tomás de Sarasa, zapatero,  de Oiartzun dona a su muerte un real para “el Santo Cristo de Lezo” en 1587[3]. En 1605 fray Mateo de Burgos, obispo de Pamplona, daba por concluido un proceso por las atribuciones milagrosas  realizadas por esta imagen[4].


La primera restauración a la imagen  se realizó en 1642, en la que se abonó 28 reales  de plata a un pintor de San Sebastián, por algunos reparaciones en el Santo Cristo[5]. Según Azpilicueta la imagen permaneció en Lezo hasta las guerras carlistas, en las cuales fue desplazado primero a Arano y de allí a la capilla del palacio de Insausti, en Azkoitia hasta que en 1839 volvió al santuario.

En 1923 el párroco de Lezo, Eusebio Garmendia, propuso una  intervención en la imagen por su mal estado de conservación al obispo de Vitoria, tarea que fue llevada por Eduardo Gelos, aunque se desconoce  el tipo de intervención[6].

La imagen del Cristo en esas épocas se mostraba aparentemente negro con faldón hasta las rodillas, peluca y corona de espinas sobre la misma, además de unas chapas de plata que cubrían los pies como protección al besado y toquiteo de los peregrinos.

En la prensa y libros divulgativos se escribió mucho sobre la originalidad de un Cristo negro imberbe, uno de los pocos existentes en Europa, con el de Cracovia, aspecto que unido a las tradiciones de las vírgenes negras y su relación con la madre tierra, divulgadas por los templarios y benedictinos, lo hacía más legendario.

 Iconografía


El Cristo de Lezo  es una figura estilizada, con un cuerpo en una posición muy vertical y unos brazos que se extienden muy en linea recta, solo rotaa por una leve inclinación de la cabeza.  Mantiene cierta tradición medieval en el dibujo de las costillas y en el vientre abultado, pero choca por su rectitud frente a la sinuosidad en S de la época medieval. Los brazos, como las piernas son delgadas, con unas manos y pies de gran tamaño reflejo de un modelo de cuerpo de labrador acostumbrado a trabajar con las manos y a andar descalzo. La cabeza es de gran expresividad y excepcionalidad, ya que se presenta sin barba y rasurado, solo un tinte rojizo oscuro  nos habla de su barba incipiente y su corte de pelo al dos, viene a ser la imagen de un condenado a muerte. Creo que nunca ha poseído barba, ni cabello como afirman algunas opiniones, ya que las orejas sobresalen de la cabeza bien perfiladas, y si hubiese tenido cabello, éstas  hubiesen  permanecido semiocultas.


Estado de Conservación 1985.

La apariencia del Cristo de Lezo era negra, pero esta presencia no le viene de su estado original, como muchos han creído y escrito sobre los Cristos negros, sino de una acumulación de grasa y polvo, a la que hay que añadir los repintes que casi cubren toda la imagen.

Debajo de esta capa, aparece una capa de color gris verdosa de grueso espesor.

Una tercera capa de color pardo rojiza aparece de modo salteado tras la anterior, cogiendo parte de la cara y pecho y sobre todo las piernas.

El estado de la capa de preparación, a parte del torso, no era muy bueno, ya que en gran parte de los brazos, así como en los pies había saltado.

La madera sobre la que está hecha la talla plantea los problemas típicos de esta zona climática: carcoma (xilófagos) y humedad. Existen grandes masas de yeso recubriendo posibles agujeros y desperfectos. Estos emplastos de yeso están colocados de manera burda y basta.

 

Conservación.

   La primera operación fue la desinsectación del Cristo y del madero.

Al desmontar la figura del madero  se comprobó que la figura estaba compuesta de tres partes:  tronco  con los pies, la cabeza y una pieza única que formaba los dos brazos fijados por la espada. El pie derecho era en gran parte de escayola. Debido a la humedad excesiva, la talla presentaba  pudrición de la madera y hongos en la zona de los pies por falta de transpiración, como consecuencia de haber estado cubierta con moldes de plata, para que los devotos pudiesen besar esta parte de la escultura.

 También se desinsectó contra estos hongos. La capa pictórica que estaba  muy  alterada y levantada se asentó con cola animal y alcohol polivinílico.


 Limpieza.


La pieza, aparentemente negra, era debido a la suciedad acumulada de polvo y humo de las velas, pero sobre todo a consecuencia de los repintes negros que intentaban disimular las lagunas.

Se eliminó esta capa negra y apareció otra capa de color verde azulado, muy espesa y burda, un repinte. Todo el cuerpo estaba cubierto por gotas de pintura, algunas azules, otras grises procedentes seguramente de salpicaduras de los pintados de las paredes de antiguos emplazamientos.

Nuevamente se eliminó este repinte y apareció otra capa de color blanco-cetrino con manchas pardo oscuras en el cuerpo, cara y en gran proporción en las piernas. Esta última capa después de examinarla, se vió que no correspondía a la capa original, la blanca-verdosa. Se eliminó la capa rojiza con otra marrón, espesa y muy dura, que se presentaba sobre todo en las piernas.


Una vez puesta a la vista la última capa de pintura original se comprobó que estaba cubierta de una capa de suciedad correspondiente a una capa de barniz oxidado. Se eliminó casi la totalidad del barniz oxidado, pero no totalmente, para evitar pasar de esa imagen negra a una de color crudo, muy agresivo a nuestros ojos.

Unas masas oscuras casi negras, parecidas a una goma laca espesa ocultaban desperfectos y agujeros en las piernas.

Pie derecho.

Este pie, desde el tobillo hasta los dedos estaba realizado con una armadura de madera y yeso, sujeto con tornillos, alambres y clavos, ya que la madera original se había desintegrado. A su vez, ambos pies estaban unidos por alambres de cobre. Desde la parte superior de los tobillos hasta los dedos, la capa de pintura había desaparecido en ambos pies.





Los brazos.

Los brazos estaban en muy mal estado. Hay que señalar que los brazos estaban realizados con una única pieza de madera que se engarzaba en la espalda. Unos papeles coloreados y repintados ocultaban agujeros quemados ocasionados por las llamas de las velas muy próximas a la madera de la imagen; así uno en el antebrazo derecho y otro en el antebrazo izquierdo, lo mismo ocurría en la palma de la mano derecha. 

Los dedos de la mano derecha, dos, estaban sujetos con tornillos y cuatro en la mano izquierda. Esto puede decir que los seis dedos son falsos y colocados en época posterior o que según se iban rompiendo los sujetaban con tornillos.

En la limpieza se eliminaron gran cantidad de emplastos de yeso colocados para disimular desperfectos, en un volumen mucho mayor que el desperfecto en sí. Uno de los emplastos cubría todo el cuello y tras su eliminación se comprobó que la cabeza era una pieza aparte, separada del cuerpo.


Entonces podemos decir que la imagen del Cristo, estaba realizado con tres elementos:  una pieza que formaba el cuerpo y las piernas, otra separada, la cabeza y la tercera una pieza única de madera que dibujaba los dos brazos y que se unía al cuerpo por la espalda.

Figura.

Una vez eliminados todos los emplastos y diferentes capas de repintes se comprobó que:

.-El cuerpo mantenía casi la totalidad de la pintura original.

.-Las manos y los axilas habían perdido casi la totalidad de su pintura.

.-Los tobillos y los pies habían perdido toda su pintura original.

 .-Los antebrazos y los brazos conservaban su pintura original en un 75% en la parte anterior, habiéndola perdido casi toda en la parte posterior y superior.

 El paño de pudor.

Eliminada la capa negra y los repintes, observamos un paño de color blanco-crema  con una cenefa en oro. Bajo la actual policromía  aparece unas capas de color rojizo-pardo y rojizo más intenso. Al no haberse tomado muestras  para su análisis es muy difícil saber si el paño ha sido repolicromado en fecha posterior. Dada la calidad del mismo se adoptó por mantener el mismo como documento histórico y por su calidad.

 

El madero de la cruz.

Se eliminó la capa negra y apareció otra capa parda clara.

Se suprimió esta capa y apareció otra rojiza, que puede ser la porquería acumulada con el paso del tiempo sobre la misma. Tras ésta apareció otra de color verdoso oscuro.

 Bajo la capa verde oscura se descubrió una de color rojizo oscuro parecido a la madera en color. Esta es la capa que se ha dejado a la vista, salteando a veces con el verde oscuro, dadas las dificultades para su eliminación. Aunque se ha apreciado alguna capa más no se ha actuado más debido al mal estado conservación.

 Se ha realizado trabajos de resanamiento en las zonas más estropeadas y en las grietas de la madera.

 

Reintegración.


 

Se estucaron las lagunas que podían afear al conjunto de la pieza y aquellas necesarias para la conservación de la obra, tal como el cuello y las axilas.

 

La unión de los brazos con el tronco se cubrió con un lienzo de lino, se encoló y estucó, reintegrándose el color en la misma con un falso regattino.

 

Las zonas pequeñas se reintegraron con la técnica de imitación total con pigmentos Maimeri al barniz.


 

Las manos y pies, se pensó en dejarlos madera vista, pero al ser una imagen de culto y de mucha devoción, se reintegró el color en dichas zonas con un falso regattino.

 



Una zona donde se reintegró con mayor intensidad fue en los brazos, ya que poseía grandes lagunas y éstas descompensaban la unidad de la imagen.  La reintegración se realizó primero a la acuarela Winsor & Newton y después con pigmentos Maimeri.

 

Como protección de dio un fina capa de goma laca y cera.




 Restaurador  Xabier Martiarena. 1986



[1]  INAKI FERRERAS.  Artículo.”Hoy, día de la exaltación de la Santa Cruz”.Diario Vasco . 14-9-1984

[2] AZPILICUETA OLAGÜE, Miguel.La Basílica del Santo Cristo de Lezo:Estudio.Histórico-Artístico. Boletin de

   Estudios Históricos sobre San Sebastián. Nº 31, 1997. Fundación Kutxa.

[3] Noticia que transmitió a Miguel Azpilicueta, don Luis Murugarren, Archivero Diocesano de San

   Sebastián; Libro 1º de finados de la iglesia parroquial de Oiartzun(1586-1888), f.103.

[4] Azpilicueta ibíd. p.63.

[5] V. doc. nº 18, p. 161/ Azpilicueta. P. 64

[6]. V. doc. nº 96, pp.286-287. / Azpilicueta . p. 64.


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